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Comunicación de salud mental y medicamentos desde una perspectiva de género
La comunicación en salud mental debe tener presente la perspectiva de género para conocer y reconocer los estereotipos, advertir a la sociedad y mejorar el trato a las usuarias. El presente trabajo realiza una revisión de la literatura científica atendiendo a la dimensión de género desde dos ejes fundamentales de la comunicación: a) El tratamiento mediático y, por lo tanto, aquellos estudios que han abordado el imaginario que los medios de comunicación trasladan a la sociedad; y b) La comunicación entre el/la profesional de salud mental y las usuarias, por tanto, estudios acerca de la comunicación interpersonal en el ámbito de la salud mental desde la perspectiva de género. Los resultados apuntan a que se han priorizado los análisis longitudinales en el medio prensa, especialmente en países de habla anglosajona (UK, Australia, Estados Unidos o Canadá), donde se ha detectado estigma y discriminación de las personas con alguna enfermedad mental, en unos ratios que parecen decrecer en los estudios más recientes. La variable de género está presente en los trabajos más actuales y apuntan a diferencias estereotipadas en el tratamiento mediático de hombres o mujeres con alguna enfermedad mental. Respecto a los estudios sobre interacción entre profesional de la salud y usuarias, los datos apuntan hacia diversos factores de discriminación, tanto en el trato recibido por las mujeres como en los diagnósticos que reciben, la falta de atención ante malestares derivados de condiciones de vida adversas y mayor sobremedicación, sobre todo en la prescripción de psicofármacos.Se describen diversos sesgos que afectan a los profesionales, como no atender a las distintas presentaciones de las enfermedades en mujeres, magnificar las diferencias de género o investigar preferentemente temas que afectan a los hombres. Además, las mujeres tienden a ser minusvaloradas, su opinión se tiene menos en cuenta, sus relatos se consideran más vagos e inespecíficos y se les solicitan menos pruebas y exploraciones complementarias, lo que lleva a un diagnóstico más tardío y más diagnósticos erróneos.
