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La construcción de un discurso critico sobre el capitalismo tardío. A propósito de una sociedad fragmentaria y ensimismada
El cine moderno ha diagnosticado los síntomas de una sociedad individualista, desvinculada de la realidad e incapaz de simbolizar las imágenes que la rodean. Este contexto genera un sujeto alienado que interioriza la violencia estructural en las sociedades occidentalizadas. Los oprimidos, carentes de capital económico, social o simbólico, se convierten en víctimas de la violencia sistémica e invisibles ante una sociedad indiferente. Según Bourdieu (2000), «la violencia simbólica es esa violencia que se ejerce con la complicidad tácita de los que la padecen» (p. 165). A partir de este marco, se analiza cómo el cine moderno, y en particular Michael Haneke, representa estas tensiones sociales. En Happy End (2017), el autor evidencia la pérdida de sentido, la incomunicación y la banalidad del mal que impregnan la vida burguesa contemporánea. La estructura fragmentada del filme, su tratamiento del aislamiento y la inmigración revelan una violencia simbólica que naturaliza la desigualdad y mantiene la ilusión de un orden sin conflicto. La película propone múltiples lecturas que requieren un enfoque interdisciplinar para comprender cómo los personajes asimilan el discurso del capitalismo tardío. Desde esta perspectiva, se busca examinar las estrategias narrativas y formales que, siguiendo a Debord ([1967] 2009), muestran la alienación del sujeto moderno mediante un sistema de representaciones convertidas en modelos de vida. Como advierte Debord, «el espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada […] es el guardián de este sueño» (Tesis 21). Asimismo, Happy End comparte afinidades con las reflexiones de Jameson y Lipovetsky, quienes estudian la lógica cultural del capitalismo tardío y el hiperconsumo. Ambos autores analizan la fragmentación del relato y la conformación de un sujeto ensimismado, elementos centrales en la obra de Haneke. De este modo, la película no solo traduce visualmente la teoría de Debord, sino que también se alinea con las sociologías del consumo y la pérdida de interioridad propias de la modernidad avanzada. La hipótesis sostiene que las operaciones narrativas y fílmicas de Haneke configuran un discurso coherente con La sociedad del espectáculo, revelando la dominación mediática y la alienación del individuo. Este estudio, desde un enfoque narratológico y formalista, adopta una metodología cualitativa orientada a demostrar cómo Happy End expone la mercantilización de la vida y la mediación simbólica, elementos que Debord ya había diagnosticado como fundamentos del espectáculo contemporáneo.
