Programa completo »
Posicionalidad y meta-reflexividad en los estudios de comunicación. Retos y aprendizajes desde el estudio de las juventudes, las sexualidades y los medios
La presente contribución es una investigación meta-reflexiva sobre la relevancia de la “posicionalidad” (Ataci, 2024; Holmes, 2020) en los estudios de comunicación. Para ello, parte de nuestras experiencias en proyectos centrados en cómo las personas jóvenes experimentan y aprenden sobre la sexualidad a través de los medios. En este sentido, el objetivo de la investigación es analizar de qué manera la posición social, identitaria y epistémica de quienes investigan incide en todas las etapas del proceso de investigación (el acceso al campo, la selección de participantes, la obtención, el análisis y la difusión de los resultados). Igualmente, la contribución analiza cómo las tensiones y limitaciones derivadas de dichas posicionalidadees, a menudo conceptualizadas como errores de la investigación, pueden ser repensadas como oportunidades para la reflexión sobre las diferentes dinámicas sociales investigadas. Se alinea, de esta manera, con las teorías del fracaso queer (Halberstam, 2018), que reevalúan el potencial crítico de aquello que hegemónicamente se considera fracasado. Metodológicamente, la investigación se enmarca en los meta-estudios de la comunicación, que reflexionan sobre el propio hecho de investigar los procesos de comunicación (Goyanes, 2020), cuya tradición es escasa. De la misma manera, si bien la reflexión sobre la posicionalidad es más abundante en los campos de la antropología, su abordaje desde los estudios de la comunicación es más extraño, lo que contribuye a la originalidad de la presente propuesta. Los resultados de esta metodología meta-reflexiva y posicionada se estructuran en torno a tres principales desafíos encontrados en las investigaciones sobre jóvenes, sexualidades y medios realizadas hasta el momento. En primer lugar, nuestras propias posicionalidades condicionan la interacción con determinados perfiles demográficos y, por tanto, la composición de las muestras. Nuestras identidades disidentes en términos sexuales y de género facilitan la creación de vínculos de confianza con jóvenes LGBTIQ+, mientras que establecer relaciones con varones heterosexuales resultó más complejo. En segundo lugar, durante el trabajo de campo, las experiencias de violencia, exclusión o estigmatización expresadas por las personas participantes pueden reflejar nuestras propias vivencias, desestabilizando el ideal de neutralidad o distancia que tradicionalmente se asocia al rol de la persona investigadora. Esta interpelación, sin embargo, abre la posibilidad de generar vínculos más empáticos y una comprensión situada del objeto de estudio. Por último, las posiciones de persona investigadora y persona investigada también pueden ser desestabilizadas mediante estrategias de coproducción y coautoría. Estas prácticas buscan redistribuir el poder epistémico, otorgando agencia a quienes suelen ocupar posiciones subalternas dentro del proceso de investigación. Al mismo tiempo, exponen nuevos dilemas metodológicos y éticos, como la gestión de las asimetrías persistentes, la autoría compartida y la negociación de voces dentro de la narrativa académica. Las conclusiones apuntan hacia la necesidad de que los estudios de comunicación incorporen de manera más sistemática la meta-reflexión metodológica. Igualmente, permiten la valoración de la posicionalidad como un elemento central e indispensable de las investigaciones cualitativas en comunicación. Finalmente, caminan hacia la reconceptualización de “errores” o “fracasos” metodológicos como herramientas para la auto-reflexión crítica de los procesos de investigación en comunicación.
