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Ética y greenwashing en el periodismo ambiental: análisis cualitativo de buenas y malas prácticas informativas en tiempos de emergencia climática
El trabajo realiza un análisis crítico del periodismo medioambiental desde una perspectiva deontológica, mediante un estudio cualitativo basado en análisis de contenido. La investigación examina dieciséis piezas informativas publicadas entre noviembre de 2021 y junio de 2025 en prensa, radio y televisión, tanto en medios generalistas como especializados. La selección responde a su valor ejemplificador de buenas y malas prácticas en el tratamiento de temas vinculados al medio ambiente y la crisis climática, incluyendo casos de greenwashing empresarial, activismo ecológico, negacionismo climático, desinformación institucional, amenazas a periodistas y catástrofes medioambientales. El objetivo es identificar cómo los medios abordan estos fenómenos y en qué medida respetan los principios éticos del ejercicio periodístico.
El marco teórico se sustenta en el planteamiento de Monedero Morales y Mercado Sáez (2024), quienes proponen un enfoque deontológico específico para el periodismo ambiental, basado en el derecho ciudadano a recibir información veraz, contextualizada, plural y socialmente útil. A partir de esta base, el estudio analiza siete dimensiones éticas: uso correcto del género periodístico, accesibilidad del lenguaje, diversidad y calidad de fuentes, evitación de malas prácticas, equilibrio narrativo, inclusión de enfoques locales y constructivos, y compromiso ético con el interés público. Estas categorías guiaron la codificación y evaluación de las piezas seleccionadas.
Los resultados revelan una gran heterogeneidad en el cumplimiento de estos principios. Algunas piezas destacan por su rigor profesional: emplean fuentes expertas, contextualizan históricamente los hechos, critican con fundamento los discursos dominantes y emplean un lenguaje claro sin trivializar. Estos trabajos asumen una función fiscalizadora del poder político y económico y promueven una ciudadanía informada y crítica frente a la crisis climática. Sin embargo, coexisten prácticas que vulneran los estándares deontológicos, como la reproducción acrítica de declaraciones institucionales, la falta de contraste informativo, el sensacionalismo o la invisibilización de actores sociales clave —científicos, activistas o comunidades afectadas—.
El estudio subraya las deficiencias en el tratamiento mediático del activismo climático, frecuentemente despolitizado o ridiculizado, y presentado solo a través de sus manifestaciones disruptivas. Esta tendencia omite el trasfondo de las demandas y desactiva su potencial transformador. Además, se constata una escasa presencia de perspectivas territoriales o comunitarias y una falta de narrativas centradas en soluciones y experiencias locales de resistencia ecológica. Estas carencias contribuyen a construir una visión del cambio climático como un problema lejano, inevitable y sin salida.
En cuanto al negacionismo y la desinformación climática, el análisis diferencia entre coberturas que abordan críticamente las relaciones entre ideología, política y ecología, y otras que caen en la falsa equidistancia o legitiman discursos pseudocientíficos. La ausencia de contexto o el tratamiento del negacionismo como simple “debate” favorecen la confusión pública y la inacción. Asimismo, se documentan piezas que exponen la creciente hostilidad y los riesgos que enfrentan los periodistas ambientales al denunciar intereses corporativos o institucionales.
